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Biografia de Sviatoslav Richter

Grandes pianistas Sviatoslav Richter

Sviatoslav Richter es considerado por muchas personas como el pianista más grande del siglo XX.

Actuó más de 60 años, y su técnica es insuperable, además de respetar mucho a cada autor que interpretaba.

Nació cerca de Zhitomir (Ucrania) el 20 de marzo de 1915.

Su padre era organista y quien lo introdujo en la Música.

De joven fue un autodidacta y desarrolló su técnica excepcional tocando piezas diversas. Tenía la habilidad de memorizar cualquier obra con verla una vez.

 

Richter creció en Odessa, allí su padre era profesor del Conservatorio.

Debutó como solista el 19 de febrero de 1934, en la Centro de Ingenieros de esa ciudad.

El programa incluía sólo obras de Chopin: la Balada Nº 4, la Poponesa-Fantasía, el Scherzo en Mi Mayor, y una selección de nocturnos, estudios y preludios, todas obras de gran dificultad. El recital fue un éxito y su carrera como virtuoso del teclado había comenzado.

En 1937 Richter fue a Moscú a estudiar con el gran pianista y pedagogo Heinrich Neuhaus.

Éste lo escuchó tocar y dijo: «Aquí está el alumno que estuve esperando durante toda mi vida. En mi opinión, es un genio.» Años después, Neuhaus escribiría: “No he conocido a nadie que supiera aprovechar tanto sus cualidades.”

El 26 de noviembre de 1940, mientras todavía era un estudiante del Conservatorio de Moscú, Richter hizo su debut en esa ciudad. Fue entonces que presentó por primera vez en público la Sonata Nº 6 de Prokofiev, causando una gran impresión a la audiencia y al propio compositor. Cuando Prokofiev completó su séptima sonata en 1942, se la dio a Richter para el estreno. Él la estudió en sólo cuatro días y la presentó en el siguiente mes de enero. Más tarde, hizo lo propio con las sonatas octava y novena, la última de las cuales le había sido dedicada por el autor.

La primera victoria de Richter en una competencia se produjo en 1945, en el Encuentro de Ejecutantes de la Unión. El jurado estaba encabezado por Dmitri Shostakovich y de él participaba también Emil Gilels. Richter obtuvo el primer premio. Shistakovich escribió luego: “Richter es un fenómeno extrardinario. La grandeza de su talento arrebata y hace tambalear. Todo el arte musical le es accesible.”

Richter ganó el Premio Stalin en 1949 y obtuvo toda clase de distinciones y reconocimientos del gobierno soviético.

En 1945 se desempeñó como acompañante de la soprano rusa Nina Dorliak en un programa que incluía canciones de Rimsky-Korsakov y Prokofiev. Éste fue el inicio de una sociedad que duraría tanto como sus vidas. Richter y Dorliak nunca estuvieron oficialmente casados, pero fueron compañeros inseparables. Con su sentido práctico, ella le aportó equilibrio a la naturaleza impulsiva de Richter. Lo ayudaba a organizar su agenda, le recordaba sus citas y manejaba sus compromisos profesionales.

Cuando se desempeñaba como jurado en el Primer Certamen Tchaikovsky que se realizó en Moscú en 1958, Richter se sintió tan impresionado por la ejecución de Van Cliburn que le asignó más 100 puntos (cuando el máximo era de 10) y 0 a los restantes. Cliburn ganó, pero Richter no fue más invitado a integrar un jurado.

Los aficionados a la música de Occidente tuvieron su primera oportunidad de escuchar a Richter a través de sus grabaciones de los años 50, y su reputación entre los especialistas creció rápidamente.

Cuando Gilels hizo una gira por los EE.UU. en 1955, su respuesta a los críticos que alababan sus ejecuciones era: «¡Esperen a escuchar a Richter!» El empresario Sol Hurok trató de hacer los arreglos para una gira, pero el gobierno soviético la autorizó recién algunos años después.

Durante los 50, Richter realizó giras por los países comunistas de Europa del Este. En mayo de 1960 fue autorizado a viajar a Occidente, pero sólo hasta Helsinki. Cinco meses después hizo su debut debut en Chicago. Tocó el Segundo Concierto de Brahms, con la conducción de Erich Leinsdorf.

Una grabación de esta obra, que fue hecha al día siguiente, aún permanece en catálogo. Su debut en Nueva York consistió en una serie de siete recitales en diez días en el Carnegie Hall (octubre de 1960). La maestra de piano más importante de la Escuela Juilliard, Rosina Lhevinne, lo elogió diciendo: «Richter es un inspirado poeta de la música, un fenómeno excepcional del siglo XX.»

Richter fue muy solicitado para presentaciones y grabaciones.

Hizo giras por todo el mundo y actuó junto a las orquestas más importantes, pero pronto decidió que no quería ese tipo de vida. Estaba contra su naturaleza el asumir compromisos con años de anticipación. Prefería seguir sus impulsos y explorar nuevos repertorios.

En 1964 Richter, la familia van de Velde y el productor de grabaciones Jacques Leiser de EMI crearon un festival anual: las Fiestas Musicales en Touraine (Grange de Meslay, cerca de Tours). Richter debía pasar cada verano en la campiña francesa y dar algunos recitales con músicos colegas, incluyendo a Benjamin Britten, David Oistrakh, y Pierre Fournier. Richter amaba a Francia y pasó allí treinta veranos.

Además de su carrera como pianista, Richter se dedicó a la pintura. Produjo algunas espléndidas acuarelas. También hizo una aparición como director en 1952, como resultado de una herida menor que sufrió en un dedo. Richter temió que no podría volver a tocar el piano y estudió dirección de orquesta por algunas semanas. Pero el dedo se recuperó rápidamente y, después de una presentación de la Sinfonía-Concierto de Prokofiev con Mstislav Rostropovich, volvió al teclado.

Amaba las óperas de Wagner, Tchaikovsky, y Verdi.

No le gustaba el teléfono porque no permite ver a la persona con quien se está hablando. Tampoco le gustaban los aviones y prefería viajar en auto o en tren.

Pero le encantaba viajar: en 1986 fue en auto desde Moscú a Vladivostok, en el Pacífico, dando conciertos en algunas pequeñas ciudades en el camino.

Richter disfrutó mucho llevando su arte a los pequeños pueblos de Siberia a una edad en la que muchos colegas dejan de hacer presentaciones.

También dio siempre recitales en los que arriesgaba todo su prestigio permitiendo hacer grabaciones para su posterior distribución masiva. Durante sus últimos años se ganó la reputación de artista capaz de cancelar compromisos sobre la hora, sin aviso y de manera antojadiza.

Richter siguió a su musa y vivió una vida precaria: según Francis van de Velde, «cuando necesitaba dinero, daba un concierto».

El último concierto de Richter fue en Lubeck (Alemania), a fines de marzo de 1995. Tenía ochenta años. En el programa había tres sonatas de Haydn y las Variaciones sobre temas de Beethoven de Max Reger.

Richter murió en Moscú el 1º de agosto de 1997, a los 82 años, víctima de un ataque al corazón.

 

Fuente: http://www.luventicus.org/articulos/02MyS006/index.html

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